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jueves, 16 de abril de 2015

El marxismo de Podemos (II): el credo comunista


El marxismo, una dogmática monista

Marx, nacido en 1818, vivió en un mundo dominado por las ideas ilustradas causantes de la Revolución Francesa que había conmovido todo el orden social, político y económico de lo que fuera la Cristiandad. El pensamiento de aquella época, de una parte,  daba por sentado el carácter progresivo, o la evolución perfectiva, de la historia humana. De otra, creía firmemente en la capacidad racional del hombre para desentrañar científicamente los secretos de la historia y explicar, tanto los acontecimientos de épocas pasadas, como los avatares futuros, que conducirán a la sociedad hacia su luminosa perfección futura.

Heredera de una serie de sistemas filosóficos de gran repercusión política, la obra de Marx pretende superarlos a todos gracias a su insistencia en la prioridad de la acción sobre la teoría. El fundamento último de su pensamiento se halla en la doctrina del materialismo dialéctico, según el cual la aparente complejidad de lo real se reduce a lo que llaman experiencia sensible, es decir al contacto activo del hombre con la naturaleza. No existe realmente nada más que esa relación de hombre con el mundo material. Al principio, el hombre se enfrenta a la naturaleza, la conoce y desea satisfacer sus necesidades con lo que ella ofrece, pero la capta  como algo hostil y contrapuesto a él mismo. Esa relación, que en principio es de oposición, es superada por el hombre gracias a su acción, o trabajo, del que resulta, por primera vez, lo que los marxistas llaman una mediación, o síntesis de contrarios, cuando alcanza los frutos de su trabajo. Desde el hombre primitivo, que ve la naturaleza como un objeto arisco y peligroso, hasta el hombre moderno, todo el obrar humano consiste en operar dialécticamente sobre la naturaleza para satisfacer sus necesidades, de modo que una y otra se integren de manera progresiva.

La relación del hombre y la naturaleza no es, pues, estática, sino evolutiva. La cooperación entre los hombre se hace necesaria, surge la distribución del trabajo y la distribución de los frutos obtenidos. Y, sólo sobre eso, se va constituyendo a lo largo de la historia el aparentemente inextricable conjunto de relaciones sociales, políticas e ideológicas que ofrece la vida humana de los tiempos modernos. La teoría central de Marx, llamada materialismo histórico, tiene precisamente la pretensión de desentrañar esa maraña de relaciones sociales, descubrir su esencia y describir la ley “científica” que rige la historia de toda la humanidad.

La estructura de cualquier sociedad sólo se entiende si se recurre a tres niveles


de explicación que, empezando por lo más fundamental, son las fuerzas productivas, el modo de producción y la superestructura ideológica. Las fuerzas productivasde que dispone cada sociedad (riquezas naturales, conocimientos técnicos y división social del trabajo) determinan su organización, o modo de producción: “el molino a brazo engendra la sociedad feudal, el molino a vapor la sociedad burguesa o industrial”. Aquí es donde aparece lo más conocido de la teoría marxista de la sociedad, que se caracteriza por incluir esencialmente la lucha en toda organización social y por poner la armonía y la paz sólo al final de la historia, en la hipotética sociedad en que culminará la historia. Mientras llega ese momento, el modo de producción de la sociedad consta invariablemente de dos clases principales en eterna contradicción, una dominante y otra sometida. Estas clases se enfrentan hasta que una revolución violenta acaba con la oposición; luego, una nueva clase dominante, por acumulación de riquezas, produce una nueva clase sometida, que hará una nueva revolución, en cuanto alcance conciencia de la miseria en que vive y de su propio poder. La sociedad feudal de siervos y señores fue superada por la revolución burguesa; y la burguesía, causante del modo de producción capitalista, engendra el proletariado destinado necesariamente a acabar con ella y a tomar las riendas de la sociedad, hasta llegar, a través de la dictadura del proletariado, a la vida armónica del hombre en consonancia con la naturaleza.

Sin embargo el camino que describe Marx hasta ese logro final exige destruir, por medio de la violencia revolucionaria, un tercer nivel de acontecimientos, que surgen junto al modo de producción en toda sociedad. Se trata de lo que llaman superestructura ideológica, que está constituida por el conjunto de ilusiones, o engaños, creados por la clase dominante, para detener la superación del enfrentamiento de clases y congelar así el curso necesario de la historia. Esa superestructura engloba las instituciones jurídicas y políticas, como el Estado; las filosofías especulativas, que engañosamente se conforman con buscar la verdad sin cambiar el mundo con la acción; y la religión, que traslada las contradicciones reales (es decir, las económicas) a otro mundo, para producir resignación en la clase oprimida. Esos engaños, siempre favorables a los intereses de la clase dominante, se llaman alienaciones porque tratan de perpetuar la separación, o enajenación, de la clase obrera respecto de los frutos de su trabajo, y de mantener la división de clases que, al final, desaparecerá cuando la revolución haya acabado con todas ellas.

Esta concepción marxista del universo es monista, en cuanto entiende que toda la realidad se reduce a uno solo de sus aspectos: la materia entendida como relación productiva del hombre sobre la naturaleza y las relaciones económicas que de ahí surgen; y declara intrínsecamente falseadas todas las demás realidades humanas, como las relaciones sociales, desde la familia al Estado; como todas las especulaciones ideológicas que exponen concepciones éticas, o valorativas; como todos los mundos ajenos al mundo material que describen las religiones. Y el marxismo no se conforma con denunciar la falsedad que, según él, se da en todo esto, sino que exige su destrucción práctica por medio de la violencia revolucionaria.

Es, por otro lado, una concepción del mundo historicista, cientificista y determinista, porque cree ofrecer las leyes inexorables de la historia, que llevan desde la primitiva oposición entre el hombre y la naturaleza, hasta su definitiva supresión en el mundo futuro, donde desaparecerán las alienaciones, la familia, es Estado, las ideología y las religiones para dar paso a una humanidad feliz, que disfrutará armónicamente de la naturaleza sometida a su dominio.


Pero hasta ese momento, el marxismo concibe el desarrollo histórico como un enfrentamiento maniqueo entre la clase dominante, que encarna el mal, y la clase sometida, de cuya acción depende por completo el repetido proceso revolucionario que llevará hasta la felicidad última -desde luego sólo terrena- y encarna, por tanto, la totalidad de lo que podría llamarse el bien. A pesar de que los marxistas se llenan la boca hablado de ética, no reconocen más obligación “moral” que la de fomentar la fuerza de la clase oprimida en aras de la revolución, aunque eso suponga todo tipo de violencia y de falsedad. En breve sacaremos a la luz el engaño deliberado, consentido y sistemático que suponen las distintas tácticas usadas por los marxistas para subir al poder y, en especial, la táctica de “Podemos”.

José Miguel Gambra

El marxismo de Podemos: un experimento espartaquista (I)


A continuación reproducimos las intervenciones del Prof. José Miguel Gambra Gutiérrez (Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista) en el seminario sobre Podemos. 

La pervivencia del marxismo

Algunos han calificado el fenómeno “Podemos” como producto transitorio de la televisión que, atenta sólo a los índices de audiencia, ha dado una fama inmerecida a un grupo de jovenzanos, cuyo prestigio, como el de cualquier “famoso”, debería difuminarse en cuanto los medios se cansaran de prestarles atención. Es bien posible también que no se trate sino de una estrategia de las derechas, para provocar un miedo que redundaría electoralmente en su beneficio. Sea cual sea la causa del prestigio adquirido por “Podemos”, quienes previeron su olvido se han equivocado: “Podemos” ha entrado en la política, sin que las derechas hayan salido beneficiadas, sino todo lo contrario. Los votos, dentro del régimen que padecemos, substancializan por cuatro años lo que sea, por absurdo que sea. No sin razón Juan Manuel de Prada se quejaba de la política degenerada por la televisión y su exclusiva atención a los pronósticos de audiencia.

Y es que, hoy en día más que nunca, es peligrosísimo jugar a la vez con la política y los medios de comunicación. En El bosque animado, y en otros muchos sitios, Fernández Flores dijo que las moscas carecen por completo de memoria, hasta el punto de olvidar su propia identidad. Una mosca topa con un cristal, se da una vuelta y, olvidado el trastazo, casi instantáneamente vuelve a darse otro contra el mismo cristal y así, sin recordar ni siquiera si ella es la que se ha dado el golpe o es otra la que lo ha sufrido, vuelve a la carga indefinidamente.

Las generaciones recientes, y no tan recientes, cada vez se parecen más a las moscas. Su cabeza no retiene nada que no sea inmediato. Tienen, como la materia de Leibniz, una mens momentanea seu carens recordatione, incapaz de de retrotraerse más allá de lo  que se les presenta actualmente. Hoy las nuevas tecnologías, las pantallas reducidas de los teléfonos, y otros trastos, han logrado sustituir la facultad humana de la memoria por la memoria de esos aparatos; y la visión de la realidad, la verdadera experiencia, se ha visto suplantada por la realidad virtual. Los chicos, y no tan chicos, ni saben ni les importa lo que puedan enseñarles sus mayores, ni lo que puedan decir los libros. Se conforman con beber ávidamente las opiniones de cualquiera, con tal de que queden plasmadas en twitter o en cualquier otra red.


Así se explica el olvido del horror marxista. Los poderes de este mundo, a una con los medios de comunicación y en contra de lo que racionalmente cabía esperar tras la caída de la URSS, han corrido un tupido velo sobre sus atrocidades. En la mente de las recientes generaciones se mantiene incólume el terror del llamado holocausto nazi. Todavía hoy, no hay día en que los medios no cuenten algo que mantenga viva la memoria de los seis millones de judíos que -según dicen- fueron ejecutados en Alemania por ese régimen nefasto. Pero eso no es nada en comparación a los cien millones de depurados por los regímenes comunistas de todas las latitudes. Sea que el común de periodistas no tenga por comparable el asesinato de judíos con el de campesinos rusos o cubanos, con el de oficiales polacos, con el de viejos chinos o jóvenes venezolanos; sea que el imperio haya preferido mantener vivo el temor irreal al nazismo y no a los peligros reales, con los cuales cabe negociar, el caso es que se ha hecho olvidar el olor a muerte que acompaña a los regímenes marxistas sin excepción alguna. Y si se ha perdido la memoria de sus consecuencias, más todavía se desconoce la podredumbre teórica esencialmente abocada a ese resultado.

Con las últimas elecciones, “Podemos” ha saltado del mundo virtual a la realidad política española. Y, en esa realidad, lo que cuenta no son los discursos, ni los programas; ni las promesas, ni las esperanzas e ilusiones, sino lo que está en la cabeza de los jefes de partido. Porque, al fin y al cabo, el sistema democrático entrega un poder  omnímodo a unos hombres concretos, que llevan a efecto lo que tienen en su personal caletre, sin limitación externa alguna.


Por eso me parece conveniente exponer, con sus propias palabras, lo que, teórica y tácticamente, mantienen la tetrarquía de “Podemos”. Para dar a conocer la diversidad de estratos que contiene su discurso, me veré obligado a vencer el hastío y a presentar las doctrinas y estrategias de ese marxismo, que otrora todos creímos felizmente olvidado, pero que, de hecho, hoy sirve inspiración a la cúpula de “Podemos”. Después demostraré que los propios mandamases de ese partido se han declarado repetidamente marxistas, para presentar finalmente las fuentes que inspiran su táctica, en orden a implantar la dictadura del proletariado, y la manera en que la están usando.



Fuente aquí.