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miércoles, 18 de marzo de 2015

Discurso en la Festividad de los Mártires de la Tradición



El pasado sábado 14 de marzo tuvieron lugar en El Pardo (villa y ex-corte de Madrid) los actos centrales por la festividad de los Mártires de la Tradición bajo la presidencia del Abanderado de la Tradición S.A.R. D. Sixto Enrique de Borbón. Multitud de carlistas de todas las edades (gran cantidad de jóvenes pertenecientes a las J.T.E y a las distintas A.E.T. y entre ellas de la A.E.T. de Sevilla) se congregaron para implorar por las almas de los Mártires de la Tradición, rendirles homenaje y recibir calurosamente a S.A.R. D. Sixto Enrique de Borbón. 

Uno de los oradores más destacados fue un representante de las A.E.T. y reproducimos a continuación su discurso a las juventudes tradicionalistas y miembros de estas agrupaciones:

Con la venia de Vuestra Alteza.

            Alteza Real, Excelentísimo señor Jefe Delegado, Excelentísimos señores, reverendo padre, señoras y señores:

            Me dirijo de manera particular a los jóvenes y miembros de las Juventudes Tradicionalistas y Agrupaciones Escolares Tradicionalistas.

            En una celebración como la de hoy es obligado haceros a vosotros un llamamiento a recoger la antorcha de la Tradición, por la cual tantos héroes insignes y anónimos han vertido sangre, sudor y lágrimas al grito de ¡Viva la Religión! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! No en vano, al instituir esta fiesta, Don Carlos VII nos exhorta entre otras cosas a honrar la memoria de estos mártires, cruentos e incruentos, para que sirva de estímulo a los jóvenes para mantener vivo el fuego sagrado de la Causa. Conocida es la sentencia de Tertuliano, la sangre de los mártires es semilla de los cristianos, y así debe ser fecunda la sangre de aquellos que dieron su vida por España por amor de Dios, fieles a su Rey por amor al Rey eterno, si nosotros tenemos el alma abonada para la gracia. Porque nuestra lucha no es una lucha cualquiera entre los hombres, sino un combate de dimensiones sobrenaturales, el buen combate de la Fe llevada hasta sus últimas consecuencias prácticas. Por este motivo no debe inquietarnos nuestra aparente debilidad social ni nuestro reducido número, pues estamos en el buen camino y en las manos de Dios. Pero tampoco debe llevarnos nuestra confianza en la Providencia al quietismo, antes al contrario, pues como expresa Gracián inspirado por la sabiduría ignaciana, hemos de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos; este es el espíritu que al calor de la Reconquista ha animado siempre al pueblo español, que hizo honor a la máxima “a Dios rogando y con el mazo dando”. Hemos de seguir luchando como si todo dependiese de nuestras solas fuerzas, y confiando por igual en que todo depende de Dios, porque Dios otorga de manera especial sus favores a quienes ponen en la lucha todo su empeño; que en medio de la batalla de Clavijo, hasta el mismo Santiago bajó del cielo a bregar mano a mano con aquéllos españoles para derrotar a las hordas mahometanas.

Alguno de los grupos de jóvenes que llegaban de muchos
lugares de España.


            El carlismo, representante de la continuidad de las Españas tradicionales, supo como nadie luchar en los campos de batalla, pero hoy nos toca luchar en otros campos que más fácilmente llevan al desánimo, la desesperanza y la inacción. Es fácil que en los lodos de la política actual surja la tentación de no mancharse teniendo un ideal tan puro como tenemos, por eso pudo decir el fundador de la Legión Española que en la Cruzada eran los carlistas lo más puro, que mantuvieron su honor por encima de toda política. Pero esto solo es cierto si entendemos aquí por política lo que Balmes llamó pequeña política de intereses bastardos, de intrigas y corrupción, que hoy impera por doquier; pero frente a ésta hay otra política que es la de la razón, el derecho y el bien común, y en este sentido, la política es la actividad humana más noble, además de un deber, tanto de ciudadanía como de caridad. Porque no hay duda de que el apostolado personal y la oración pueden dar grandes frutos, pero basta ver los efectos a nuestro alrededor de la disociedad y las leyes inicuas para darse cuenta de cuánto daño nos causan y cuántas almas son arrastradas a la perdición. De nada sirven las actitudes pseudomísticas de querer mantenerse al margen de la política, porque estamos dentro de ella inevitablemente; y rehusando entrar en política no nos libramos de ella, solamente nos ponemos en manos de la mala política de nuestros enemigos. Seguramente, la mayoría no estamos llamados a una alta política, pero la política tiene muchos niveles, tantos como tipos de comunidades o grupos sociales inferiores forman la comunidad política perfecta, y desde ahí nos corresponde también tratar de reconstruir la civilización, que como dijera San Pío X, no está por inventar ni levantar sobre las nubes, sino que es la civilización cristiana que ha existido y que hay que restaurar frente a la utopía revolucionaria.

            Bien es verdad, que en una época de desarraigo como la nuestra, donde la vivencia de esa civilización se ha perdido casi por completo, es necesario hacer un esfuerzo teórico para recoger y transmitir la doctrina que la animaba. Al igual que nuestros mártires nos han legado su ejemplo de sacrificio, nuestros maestros nos han legado su sabiduría, fruto maduro de nuestra tradición milenaria, de la que tan necesitada están nuestros pueblos hispanos. Especialmente las Agrupaciones de Estudiantes Tradicionalistas deben recoger este bien precioso, no para reservarlo a un grupo de iniciados, sino para entregarlo a la sociedad, pues el bien es por su propia naturaleza difusivo y es más bien cuanto más universal.

Un momento de la Celebración de la Santa Misa
por el Rito Romano Tradicional de la Iglesia.
Las bandera de la Tradición presidiendo.
Celebra Rvdo. Sr. García Gallardo


            Precisamente cuando vemos el fracaso actual de las ideologías y de la tecnocracia, y con ello el malestar general de las gentes, es necesario más que nunca difundir los principios eternos por los que clama España para salvarse. Porque el liberalismo ha enfermado a España, casi podríamos decir que la ha matado, y ya no es sólo irreconocible espiritualmente, sino también corporalmente, porque corrompido su principio vivificante, la gangrena ha llegado a todos sus miembros, por eso la corrupción en todos los órdenes es el tema de nuestro tiempo. Pero los principios naturales y divinos que son fundamento de la civilización cristiana que San Pío X nos llama a restaurar, no viven por lo tanto descarnados ni en el aire. La Tradición nos ha legado el ejemplo y la sangre fecunda de los mártires, el tesoro de la sabiduría católica e hispánica y también instituciones en las que encarna el hombre concreto. De entre todas esas instituciones, una brilla de manera particular situada en la cumbre, como institución suprema de las Españas, tal cual es la Corona. Sin ella, con el Rey a la cabeza, enferman, se disgregan y mueren sus miembros, por eso España clama por un verdadero Rey que le devuelva la salud. No se trata tampoco de una construcción sobre las nubes ni de ninguna ideología, sino de la institución concreta que hoy encarna Su Alteza Real Don Sixto Enrique de Borbón, Abanderado de la Tradición, en torno al cual hemos de cerrar filas, pues él representa la continuidad de las Españas, por la cual dieron sus vidas y hasta la última gota de su sangre aquéllos mártires, al grito de ¡Viva la Religión! ¡Viva España! y ¡Viva el Rey!

S.A.R. D. Sixto Enrique y a su derecha el Jefe Delegado Prof. Don José Miguel Gambra

martes, 10 de marzo de 2015

10 de Marzo, Festividad de los Mártires de la Tradición

Queridos lectores y amigos:

Hoy 10 de marzo celebramos la festividad que S.M.C. Don Carlos VII por carta a su Jefe Delegado, el Marqués de Cerralbo, fechada el 5 de noviembre de 1895, instituyó. Diez de marzo, muerte en el exilio en Trieste de S.M.C. Don Carlos V. Festividad de los Mártires de la Tradición, de nuestros Mártires. 

En esta noche aciaga que ahoga a nuestra Patria y a nuestra Santa Religión no pueden no venir a nuestra memoria la vida de aquellos Mártires de la Tradición, que renunciando a los honores del Mundo supieron entregar hasta su último suspiro por Dios, la Patria y el Rey legítimo. Muchos proscritos hoy hasta por una Iglesia que ha venido a sumarse a los factores de la Revolución, y deja yacer como inútilmente a nuestros Mártires, que únicamente son recordados por los tradicionalistas de todo el orbe hispánico que en estos días rendimos homenajes a ellos y no cesamos de encomendarnos. 

Y es que, aunque se haya querido hacer que la sangre de nuestros Mártires se oculte cual mancha oscura en el suelo, esa sangre no puede no dar frutos. 

Podría acusarse que nos encontramos celebrando una Festividad hoy anacrónica. Pero no solo es anacrónica hoy, sino que ya en el momento de su institución, tras haberse producido la usurpación monárquica y haberse instalado el liberalismo y el conservadurismo en nuestra Patria, que es decir también en el Nápoles Hispánico, en los reinos de las Italias, y un caso un tanto distinto años después debido al ralliemant sería el francés, aunque con el tiempo se aproximará al caso español, especialmente tras el II Concilio Vaticano. 

Como señaló acertadamente el Prof. Barraycoa en la Quincuagésimo primera Reunión de Amigos de la Ciudad Católica, hoy, ante la desaparición de la posibilidad inmediata de una restauración de un Estado católico y la fulgurante secularización de la sociedad ¿qué debemos hacer los católicos llamados por vocación a la política y a la restauración del Reino de Cristo? Se abre ante nosotros una dicotomía - señala Barraycoa -, o bien como muchos han hecho, hay que aceptar "lo que hay", porque "no hay más" (habla en términos de utilitarismo político: falta de organizaciones, medios, posibilidades de éxito, etc.); o bien emprender una emulación de Gedeón y casi desear que cada vez seamos menos, para que así Dios demuestre que la victoria es suya. Aunque el cuerpo y el alma nos parece pedir esto último, ello no resuelve el problema de la "praxis" cotidiana del católico en la comunidad política. Ello se debe a una ruptura de una tradición de Res publica christiana, que aunque se mantuvo en lo político en los siglos de la Cristiandad, hasta la llegada de la Revolución francesa, ahora esa fractura parece haberse producido en lo social y en el alma de millones de católicos. 

Pero ceder a esta idea sería una deshonra y una traición a nuestros Mártires. Cuando decía más arriba que es una festividad anacrónica es porque, no nos engañemos, desde el II Concilio Vaticano , desde Roma con Dignitates Humanae y otros textos se ha venido a romper aquello por lo que nuestros Mártires dieron hasta su último aliento. Si se ha querido dar cabida a una seudo tradición y hermenéutica de la continuidad (en la teoría conservadora) no es más que un disfraz en documentos nada claros que vienen a querer dar una doble visión que, a la postre, no es más que una ruptura con la Catolicidad, una traición a la sangre de nuestros Mártires (baste recordar el texto Una nueva laicidad, Card. Angelo Schola; también llamada "sana laicidad"). 

Pero ahí yace la sangre de nuestros Mártires en nuestra Patria, que el ejemplo de tradicionalistas como D. Manuel de Santacruz, el Prof. Gambra Gutiérrez, el Prof. Ayuso Torres y otros tantos sabiendo no dejarse seducir por el liberal-conservadurismo, por las ideas fascistas que en su momento sedujeron a numerosos católicos por ser contrarias al liberalismo y al comunismo, nos dan claro ejemplo continuamente; más aún a los que integran las diferentes AET de Sevilla y Salamanca. 

Pero hemos de recordar que lo que fue la reducción de la Cristiandad a Cristiandad menor en el orden de las Españas como señalara el eximio Francisco Elías de Tejada es hoy lo que el Prof. Ayuso ha marcado como Cristiandad mínima reducida a la Comunión Tradicionalista. A lo que debo añadir que si bien parece ser arduo el trabajo y la situación peninsular, la sangre de nuestros Mártires ha regado los campos de las Españas y poco a poco, a pesar de una sociedad venida en disociedad, se pueden comenzar a ver los frutos. Que hoy en Sevilla, Salamanca, Madrid, Gijón, Granada y el resto peninsular nos unamos jóvenes en la restauración de círculos tradicionalistas, lugares de reunión de correligionarios, una militancia que vuelve a activarse, pese a la indiferencia y tibieza de muchos que no acaban de despertar, cuando el clericalismo llega a su paroxismo y hace estragos, cuando vemos que las situaciones venidas no son irreversibles en el panorama de las Españas y en el internacional, hemos de reconocer que la sangre de nuestros Mártires da fruto, que cada uno de nosotros hemos de ser esos cultivadores que no obstaculicemos el fruto de esa sangre, porque no se secó jamás. 

Si esa Cristiandad mínima que es el carlismo, que viene a unir lo verdaderamente sano del espíritu hispánico es capaz de, cada año, congregar en todo el orbe hispánico tanto ultramarino como peninsular a multitud de hombres, mujeres, familias, jóvenes estudiantes universitarios, doctores de diferentes profesiones bien es señal de que el carlismo no ha fenecido en ningún momento; sino que, todo lo contrario, el tradicionalismo vive y vivirá porque la sangre de nuestros Mártires aunque se haya querido ocultar no fue derramada en vano. Situados bajo la única bandera y al servicio de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón daremos el fruto que la sangre de ellos merece. 

J.C.H.
Agrupación de Estudiantes Tradicionallistas de Sevilla (AET)


viernes, 6 de marzo de 2015



Actos por los Mártires de la Tradición. Sevilla


Próximo domingo 8 de marzo

Con motivo de la festividad de los Mártires de la Tradición, el próximo domingo 8 de marzo tendrán lugar en Sevilla los siguientes actos:


10:30 Santa Misa por los Mártires de la Tradición.

13:00 Aperitivo y acto político en Bar Julius. C/ Álvarez Quintero, nº 60 (bocacalle junto a la S.I. Catedral).

Festividad instituida en 1895 por el Rey Don Carlos VII, en carta desde su exilio en Venecia a su Jefe Delegado, el Marqués de Cerralbo: «una fiesta nacional en honor de los mártires que, desde principio del s. XIX, han perecido a la sombra de la bandera de Dios, Patria y Rey, en los campos de batalla, en el destierro, en los calabozos y en los hospitales; y designo para celebrarla el día 10 de marzo de cada año, día en que se conmemora el aniversario de la muerte de mi abuelo Carlos V». «Debemos procurar sufragios a las almas de los que nos han precedido en esta lucha secular, y honrar su memoria de todas las maneras imaginables, para que sirvan de estímulo y ejemplo de los jóvenes y mantengan vivo en ellos el fuego sagrado del amor a Dios, a la Patria y al Rey».